La Segunda Batalla de Ypres
LA SEGUNDA BATALLA DE YPRES está considerada como la primera batalla de la Historia con gases asfixiantes (22 de abril de 1915 a 25 de mayo de 1915).
Sin embargo, hay una gran controversia por si esto fue realmente así:
La mayoría de obras de texto apuntan a Ypres en el Frente Occidental en los meses de abril y mayo de 1915 durante la Primera Guerra Mundial como el lugar donde se produjo por primera vez el empleo de gases tóxicos en una batalla: sin embargo hay autores y obras de texto que apuntan a Francia como el primer país en utilizar armas químicas en la Primera Guerra Mundial en la temprana fecha de agosto de 1914 y en el mismo frente. Francia utilizó bromoacetato de etilo (sustancia lacrimógena) por medio de granadas de mano y de fusil con el propósito de hacer salir a los alemanes de los búnkeres... También hay fuentes que apuntan que el primer ataque alemán con gases asfixiantes se dio en el Frente Occidental con proyectiles Ni-Schrapnell (clorosurfonato de o-dianisidina con bolas de plomo y metralla) el 27 de octubre de 1914 llegando a utilizarse unos 3.000 proyectiles en las proximidades de Neuve Chapelle.
Si giramos la vista hacia el Frente Oriental y, aunque hay autores que mencionan que la utilización de esta arma química hay que buscarla en la fecha del 9 de enero de 1915, cerca de Lodz, Polonia, y el 31 de enero de 1915 la población polaca que sería castigada para los rusos siendo bombardeada con unos 18.000 proyectiles de gas lacrimógeno (bromuro de xililo, denominado T-Stoff).
Regresando al Frente Occidental y a la batalla que nos interesa, los británicos estaban convencidos que los alemanes en Flandes, en la zona del saliente de Ypres se encontraban a la defensiva, incluso los mandos franceses pensaban igual.
El frente desde 1914 se había estancado y lo que se llevaba de 1915 parecía demostrar que el ejército alemán se fortificaba. Los indicios que parecían demostrar lo contrario se ignoraron: se habían descubierto bombonas para lanzar gas en algunas incursiones hechas a trincheras alemanas y se había capturado a soldados alemanes que llevaban máscaras antigás, igualmente se había interrogado a prisioneros y desertores apuntando que las máscaras eran para proteger a las fuerzas alemanas de gases venenosos.
Tal vez los aliados vieron el asunto como algo sin importancia ya que el gas tóxico estaba prohibido Por la convenciones de La Haya (Holanda)1.
El mando alemán, con Erich von Falkenhayn a cargo del Estado Mayor Imperial, tenía otros propósitos: pretendía alejar la atención de cuatro de sus cuerpos que irían o marcharían de la ofensiva teutona de Gorlice-Tarnow. Quería causar un gran número de bajas a los aliados, en particular a su mayor enemigo, el Ejército Británico. Además, Ypres conformaba un saliente incrustado en las líneas alemanas que representaba un obstáculo para sus vías de comunicación.
Así, lo mejor era mantener la apariencia de tranquilidad, una apariencia de estancamiento donde no se había acumulado grandes reservas de hombres. Esto último era cierto y los aliados eran conscientes de ellos gracias a los reconocimientos aéreos de la zona.
Por todo ello, Von Falkenhayn hizo ver que se trataba de una acción improvisada con el objetivo de debilitar la ofensiva prevista por los aliados en Artois, pero en realidad se trataba de una ofensiva con todas las de la ley, con el objetivo de romper el punto muerto en que se encontraba ese frente, y para ello se emplearía una nueva arma: gas deletéreo (gas de cloro).
El comienzo de la guerra química
En la tarde del 22 de abril de 1915, a eso de las 17: 00 h. dio comienzo por primera vez en la Historia un ataque con una nueva arma ofensiva.
Los soldados alemanes del 4° Ejército -2- entre Langemarck y Bixschoote destaparon unas 4.000 bombonas de gas de cloro -3- durante unos cinco minutos liberando casi 170 toneladas de gas tóxico. Ello había sido precedido por un breve bombardeo de Artillería pesada, tras el que la Artillería se detuvo unos diez minutos con el fin de no influir o perturbar el movimiento de las nubes de cloro que iban con dirección al frente enemigo que el viento reinante del Este se encargó de dirigir a las trincheras aliadas.
Cuando los soldados franceses vieron en un primer momento la nube amarillo-verdosa pensaron que era humo que ocultaba un avance de soldados alemanes. En cuanto llegó a su altura, se dieron cuenta de su carga de terror y asfixia, todo lo cual causó el pánico a aquellos que no murieron de una Unidad Territorial francesa: dos divisiones compuestas por los soldados argelinos de la 45.° división -4- y metropolitanos de la 87.° División Territorial del Ejército francés.
Se abrió una brecha de 6 kilómetros, algunas fuentes apuntan unos 8 km. entre St. Julien y Poelkapelle y unos 50 cañones cayeron en manos alemanas.
El temor al gas hizo que las mismas tropas alemanas no pudieran aprovechar el máximo las circunstancias: tras conquistar el área llamada colina 60 los alemanes se detuvieron ante un ataque precipitado del II Ejército británico del general Smith-Dorrian que es propuso una retirada hacia Ypres.
Los canadienses de la 1°División recibieron la orden de rellenar el espacio que había en el frente al huir los argelinos. De los canadienses morían unos 2.000 hombres.
Los alemanes avanzarían cautelosamente, debido al temor al gas, por la brecha provistos de máscaras, tomando posiciones y apoderándose de material y cañones. Al anochecer las localidades de pilckem y Langemarck ya eran suyas y al día siguiente avanzaron hasta solo 5 km. de Ypres. En su poder se encontraba todo el tercio septentrional del saliente llegando hasta el bosque de Kitchener y la colina de Mauser.
Nuevamente los alemanes emplearían el gas cerca de Langemarck al siguiente día y los canadienses recibieron el impacto del arma química. Aunque hubo muertos, esta vez los soldados aliados lo superaron, y es que los soldados aprendieron enseguida a improvisar máscaras antigás empapando trozos de tela en agua e incluso en orina para protegerse del gas nocivo.
Ese mismo día, el 24 de abril, los canadienses, indios y británicos reconstruirían las defensas e incluso efectuarían algunos contraataques en tierra de nadie aunque resultaron infructuosos: el fuego artillero y de ametralladora se impuso. Para ese día Gravenstafel y St. Julien caían.
De nuevo el 25 de abril los británicos e indios, 15.000 en total, recibieron la orden de intentar romper el avance alemán pero no lo consiguieron: los alemanes soltaron gas haciendo que el avance aliado se estancara. Mientras tanto, las fuerzas francesas habían recibido la orden de atacar a las reservas germanas y desviar la atención del flanco británico, pero sufrirían el pánico de los gases venenosos. Muchas tropas coloniales francesas, senegaleses concretamente, mataron a los oficiales huyeron despavoridos del frente y, una vez en la retaguardia, causaron muchos problemas (altercados, violaciones, etc.). Sería necesario la intervención de una brigada de caballería británica a requerimiento francés para restaurar la ley y el orden después de emplearse a fondo.
Los aliados, en poco más de un mes que duró la batalla, aguantaron los embates teutónicos y consolidaron los nuevos frentes. Ypres y los territorios belgas en manos aliadas no deberían ser abandonados por un motivo político evidente, sin embargo la retirada era evidente comenzando el día 1 de mayo.
Ese mismo mes los alemanes se apoderaron del tercio oriental de saliente de Ypres. El día 2 de mayo se conseguiría detener por primera vez el ataque alemán que iba apoyado con gas deletéreo, para esa fecha las fuerzas aliadas estaban provistas de máscaras antigás.
El 4 de mayo las fuerzas aliadas estaban consolidadas en una nueva línea principal de resistencia en la cresta de Frezenberg y la cresta de Bellewarde. Los alemanes atacarían los días 8 y 9 de mayo en Frezenberg y los días 24 y 25 del mismo mes en Bellvarder.
Von Falkenhayn emprendería intensos ataques donde el gas venenoso fue el protagonista, pero los aliados aguantarían y mantendrían sus posiciones. El agotamiento y desgaste era mutuo, la batalla no daba para más.
El 25 de mayo de 1915 cesó el fuego, se volvía otra vez a un período de estancamiento.
Algunas conclusiones...
Después de la batalla los aliados se quedarían en la zona de Ypres, pero en franca desventaja militar y con unas pérdidas-5- de unos 55.000 hombres por unos 35.000 alemanes. Sea como fuere e independientemente del número de muertos y heridos la Segunda Batalla de Ypres fue cruel, pero esta fue también terrorífica: fue la primera vez que la destrucción de un arma química jugó su baza para quedarse. Una nueva arma había pasado a formar parte del método aceptado de la guerra moderna: el gas venenoso.
Los alemanes no pudieron aprovechar el éxito inicial que supuso abrir una brecha en el frente de unos ocho kilómetros. No disponían de reservas inmediatas. El plan de von Falkenhayn estaba abocado al fracaso desde el primer momento, pues el no acumular material humano en la zona de Ypres, no puedo aprovechar el éxito del inicio. También es cierto que el mismísimo von Falkenhayn depositó poca fe en la nueva arma: los militares alemanes no creían al cien por cien en la nueva arma e incluso desconfiaba de ella pues el "factor viento" tenía la última palabra en su eficacia.
La segunda Batalla de Ypres ofrecía a la propaganda británica ocasión para exacerbar la crueldad y brutalidad alemanas, aunque más tarde los propios británicos emplearían el gas con más profunción, intensidad que los propios alemanes: de hecho empezaron a usarlo ese mismo año, en la batalla de Loos.
Bibliografía
•Rene Pita: Armas Químicas: La Ciencia en Manos del Mal. Plaza y Valdés Editores S. L. 2008
• Documental. Primera Guerra Mundial: Alianza Mortal. (Serie en la que está basado el libro de Hew Strachan).
•J. H. J. Andriessen: I Guerra Mundial en Imágenes. EDIMAT LIBROS, S.A., 2009
• John H. Morrow, JR: La Gran Guerra. Edhasa, 2008
•Michael S. Neiberg: La Gran Guerra. Una historia Global (1914-1918). Ediciones Paídos Ibérica, S. A., 2006
• H. P. Willmontt: La Primera Guerra Mundial. Inédita Editores, S. L., 2004
•Martin Gilbert: La Primera Guerra Mundial. La esfera de los libros, S.L 2004
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Notas:
1. Los alemanes indicarian que no habían violado los acuerdos de Declaración de La Haya de 1899 argumentando que habían utilizado bombonas y no proyectiles.
2. El 35.° Regimiento de Ingenieros encargado del despliegue de bombonas de cloro utilizaría el nombre en clave: Unidad de Desinfección y estaba al mando del coronel Otto Peterson cuyo asesor técnico era Fritz Haber.
3. Algunas fuentes apuntan a unos 5.000 recipientes e incluso algunas otras se aproxima a los casi 5.800.
4. La División argelina había tomado el puesto o posición en el Frente en lugar de la 11.° División del general Edmond Ferry el mismo día que se produjo el ataque.
5. Hay autores que en cuanto a cifras son muy parcos mencionando para la Entente 15.000 bajas de ellas 5.000 muertos en el primer ataque químico con cloro. También hay otros que nos hablan de unas 4.000 víctimas de ellas 1.000 muertos; por otro lado hay fuentes que mencionan unas 105.000 bajas entre ambos bandos.
JF
J. F Hernando Jorge
(Artículo publicado por primera vez:
revista electrónica "Ediciones HRM 7").
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